martes, 8 de abril de 2014
Tan cerca, tan lejos – Pere Ll. Mataró
Sentir que te puedo tocar con la punta de los dedos,
como a la luna, y tan siquiera llegar a rozarte.
Pensar que te envuelvo en mi abrazo,
como quien se aferra a la vida, y no sentir tu latido.
Escuchar tus silencios, al igual que la brisa de estío,
y ser sordo con tus palabras.
Posar mis labios sobre los tuyos,
como el fuego sobre la brasa, y no sentir la calidez en mi alma...
Me desespera, me inquieta, me confunde…
Tenerte tan cerca y a la vez tan lejos,
me hace sentir perdido en medio de un mar embravecido.
como a la luna, y tan siquiera llegar a rozarte.
Pensar que te envuelvo en mi abrazo,
como quien se aferra a la vida, y no sentir tu latido.
Escuchar tus silencios, al igual que la brisa de estío,
y ser sordo con tus palabras.
Posar mis labios sobre los tuyos,
como el fuego sobre la brasa, y no sentir la calidez en mi alma...
Me desespera, me inquieta, me confunde…
Tenerte tan cerca y a la vez tan lejos,
me hace sentir perdido en medio de un mar embravecido.
domingo, 6 de abril de 2014
Si partieras – Pere Ll. Mataró
Si partieras, lejos,
de donde no se vuelve,
haría de mi destino el camino marcado por tus pasos,el rastro mecido en el aire, de tu sutil perfume,seria la brújula para no perderme en la aventura.
En la mente, tu recuerdo,
el recuerdo del fuego de tus labios,
de tus ojos cielo eterno,
de la seda de tu piel desnuda…
de donde no se vuelve,
haría de mi destino el camino marcado por tus pasos,el rastro mecido en el aire, de tu sutil perfume,seria la brújula para no perderme en la aventura.
En la mente, tu recuerdo,
el recuerdo del fuego de tus labios,
de tus ojos cielo eterno,
de la seda de tu piel desnuda…
sábado, 5 de abril de 2014
A la luna - Lord Byron
¡Sol del que triste vela,
astro de cumbre fría,
cuyos trémulos rayos de la noche
para mostrar las sombras sólo brillan!
¡Oh, cuánto te asemeja
de la pasada dicha
al pálido recuerdo, que del alma
sólo hace ver la soledad umbría!
Reflejo de una llama
oculta o extinguida,
llena la mente, pero no la enciende;
vive en el alma, pero no lo anima.
Descubre cual tú, sombras
que esmalta o acaricia,
y como a ti, tan sólo la contempla
el dolor mudo en férvida vigilia.
astro de cumbre fría,
cuyos trémulos rayos de la noche
para mostrar las sombras sólo brillan!
¡Oh, cuánto te asemeja
de la pasada dicha
al pálido recuerdo, que del alma
sólo hace ver la soledad umbría!
Reflejo de una llama
oculta o extinguida,
llena la mente, pero no la enciende;
vive en el alma, pero no lo anima.
Descubre cual tú, sombras
que esmalta o acaricia,
y como a ti, tan sólo la contempla
el dolor mudo en férvida vigilia.
viernes, 4 de abril de 2014
El reino de las hadas - Edgar Allan Poe
Valles oscuros, torrentes umbríos, bosques
nebulosos en los cuales nadie puede descubrir
las formas a causa de las lágrimas que gota a
gota se lloran de todas partes! Allá, lunas desmesuradas crecen y decrecen, siempre, ahora, siempre, a cada instante de la noche, cambiando siempre de lugar, y bajo el hálito de sus faces pálidas ellas oscurecen el resplandor de las temblorosas estrellas.
nebulosos en los cuales nadie puede descubrir
las formas a causa de las lágrimas que gota a
gota se lloran de todas partes! Allá, lunas desmesuradas crecen y decrecen, siempre, ahora, siempre, a cada instante de la noche, cambiando siempre de lugar, y bajo el hálito de sus faces pálidas ellas oscurecen el resplandor de las temblorosas estrellas.
Hacia la duodécima
hora del cuadrante nocturno una luna más
nebulosa que las otras,-de una especie que las
hadas han probado ser la mejor,-desciende
hasta bajo el horizonte y pone su centro sobre
la corona de una eminencia de montañas, mientras que su vasta circunferencia se esparce en vestiduras flotantes sobre los caseríos, sobre las mismas mansiones distantes, sobre bosques extraños, sobre la mar, sobre los espíritus que danzan, sobre cada cosa adormecida, y los sepulta
completamente en un laberinto de luz.
Y entonces, ¡cuán profundo es el éxtasis de
ese su sueño! De mañana, ellas se levantan, y su
velo lunar vuela por los cielos mientras se agitan
como pálido albatros al soplo de la tempestad
que las sacude como a casi todas las cosas.
hora del cuadrante nocturno una luna más
nebulosa que las otras,-de una especie que las
hadas han probado ser la mejor,-desciende
hasta bajo el horizonte y pone su centro sobre
la corona de una eminencia de montañas, mientras que su vasta circunferencia se esparce en vestiduras flotantes sobre los caseríos, sobre las mismas mansiones distantes, sobre bosques extraños, sobre la mar, sobre los espíritus que danzan, sobre cada cosa adormecida, y los sepulta
completamente en un laberinto de luz.
Y entonces, ¡cuán profundo es el éxtasis de
ese su sueño! De mañana, ellas se levantan, y su
velo lunar vuela por los cielos mientras se agitan
como pálido albatros al soplo de la tempestad
que las sacude como a casi todas las cosas.
Pero cuando las hadas que se han refugiado
bajo esa luna de la que se han servido, por así
decirlo, como de una tienda, la dejan, no pueden
jamás volver a encontrar abrigo.
Y los átomos de ese astro se dispersan y se convierten bien
pronto en una lluvia, de la cual las mariposas
de esta tierra, que buscan en vano los cielos
y vuelven a descender,-¡criaturas jamás
satisfechas!-nos devuelven partículas a veces
sobre sus alas estremecidas.
pronto en una lluvia, de la cual las mariposas
de esta tierra, que buscan en vano los cielos
y vuelven a descender,-¡criaturas jamás
satisfechas!-nos devuelven partículas a veces
sobre sus alas estremecidas.
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