Subsisto en la orilla del abismo,
donde los pájaros no se atreven a volar.
En el límite de las nubes,
territorio del viento,
donde la vida forma parte
de precipicios sin fondo
que te absorben a cada paso
a una caída vertiginosa
en un pozo sin fin.
Se que existo
por el latido que resuena en mis sienes,
aunque a veces tengo serias dudas de que solo sea producto de un sueño
de un ansia atrapada en un bucle
de deseo por vivir.
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